Nosotros
Nuestra Historia: Seis Generaciones de Espíritu Patagónico
Nuestra historia en el fin del mundo comienza con un viaje de valentía. Manuel Álvarez Ruiz, nacido en Chiloé, y su esposa Isabel Coste Pérez, oriunda de Talcahuano, se casaron en Valparaíso, donde en 1903 nació su primer hijo, José Arturo Álvarez Coste. En 1904, impulsados por un espíritu pionero, tomaron la decisión de zarpar hacia Punta Arenas junto a Horacio Álvarez Alarcón, padre de Manuel.
Sus primeros años se forjaron trabajando la madera en la Isla Dawson, navegando por las gélidas aguas a bordo de su propia chalupa a vela. Fue en esta región indómita donde nacieron sus otros hijos, y donde se establecieron las profundas raíces de la familia en el fin del mundo.
Alrededor de 1909, la familia se instaló en Puerto Natales incluso antes de su fundación oficial, convirtiéndose en algunos de los primeros colonos de la zona. De hecho, su hijo, Luis Álvarez Coste, ostenta el honor histórico de ser el primer nacido en la ciudad oficialmente establecida. Con el tiempo, la familia se dedicó al comercio maderero, una industria fundamental para la construcción de las emergentes estancias ganaderas. Su destreza artesanal los llevó a construir al menos tres embarcaciones icónicas: El Armando, El Fernando y El 21 de Mayo.

A principios de la década de 1920, la visión emprendedora de la familia los llevó a fundar un aserradero en la Península Roca. Su hijo, José Arturo Álvarez, tomó las riendas de este proyecto, instalándose allí para dedicarse de lleno a expandir el trabajo que su padre había comenzado. La Península Roca pronto floreció como un vibrante centro para el comercio de madera y pieles, donde se intercambiaban bienes con los cazadores marítimos de los canales de la Patagonia Occidental. Además, nuestra familia tuvo el privilegio de interactuar de cerca con los últimos canoeros nómadas de la Patagonia.
El legado de José Arturo continuó junto a sus hijos Nelson, Joaquín y Víctor. Durante años, mantuvieron vivo el establecimiento, combinando la ganadería a pequeña escala con el centro comercial. Sin embargo, su conexión con la naturaleza y los paisajes australes los llevó a dar un paso histórico: a principios de la década de 1960, estos hermanos fueron los pioneros que iniciaron el turismo marítimo en los canales de Última Esperanza.
Su espíritu incansable los llevó en 1970 a arrendar la Estancia Perales, lo que les permitió desarrollar su ganadería con mayor impulso y establecer un punto de apoyo crucial para sus expediciones turísticas. Este crecimiento se consolidó en 1980 con la adquisición de la Estancia Chorrillo Picana, donde continuaron sus labores de estancieros.
Nuestra inspiración hoy
Durante generaciones, nuestra familia ha tenido una vocación natural como anfitriones. Como Joaquín, nieto de Nelson Álvarez, llevo este legado adelante con orgullo. Siempre nos ha llenado de satisfacción abrir las puertas de nuestra tierra para recibir a amigos, familiares, conocidos e incluso amigos de amigos. Compartir el amor por este rincón del mundo, revelar nuestros paisajes más hermosos, presentarlos a nuestra vibrante vida silvestre y llevarlos a explorar rincones escondidos —lejos de las rutas turísticas tradicionales— ha sido nuestra manera de honrar y mostrar la verdadera magnificencia de la Patagonia.
La idea de extender esta invitación a viajeros de todo el mundo siempre estuvo presente en nuestras conversaciones familiares, pero el verdadero punto de inflexión llegó cuando decidí hacer un cambio radical en mi vida. Dejé atrás mi trabajo y las paredes de la oficina en Punta Arenas, donde me desempeñaba como gerente en una empresa local de abastecimiento de cruceros antárticos, para apostar por este sueño.
Fue durante este proceso de reconexión que decidimos, como familia, dar vida finalmente a este hermoso proyecto. Hoy, a través de nuestros trekkings y tours, no ofrecemos una simple visita turística, sino la oportunidad de ser nuestros invitados; buscamos transmitir a cada viajero ese mismo encuentro íntimo, auténtico y respetuoso con la Patagonia salvaje que nos ha definido por más de un siglo.
Lo invitamos cordialmente a aventurarse al fin del mundo y experimentar la verdadera Patagonia junto a nosotros. Venga a caminar por nuestros senderos, respire el aire prístino y permítanos mostrarle esta tierra salvaje y maravillosa a través de los ojos de una familia que la ha llamado hogar durante generaciones. Esperamos recibirlo con los brazos abiertos y compartir la aventura de su vida.
